Como nadie ha publicado un acuse de recibo de la entrada anterior, seguimos con nuestro viaje a Egipto a ver si alguien pica. De difuntos va hoy la cosa. Otra de las salas más concurridas del British Museum es la dedicada a las momias.
El corazón, donde los egipcios consideraban que residían los sentimientos y la conciencia, se dejaba en su sitio. En cambio el cerebro se extraía en trozos por la nariz y se desechaba.
El laborioso proceso de convertir un muertito en una momia podía ser simplificado para ajustarse al presupuesto de la familia. A este respecto nada se dice en el Museo Británico, donde sólo hay momias de gente importante. Sin embargo Heródoto describe en sus Historiae tres modalidades de embalsamación a disposición de los clientes en el siglo V a.C. (Si a alguien le interesa: http://www.egiptomania.com/mitologia/momificacion.htm apartado B)
Unos 4.000 años que tiene el colega. Consumido como una pasa, pero con el pelo y las uñas intactos. Si intento situar a este señor en el tiempo, hacerme una idea de dónde está en el mapa temporal que tengo en la cabeza, el sistema se me satura y sólo dice: ERROR, ERROR. Y ni te digo si trato de imaginarme que este ser estuvo vivo algún día, comía, hablaba y se reía. Mejor lo intento otro día.
1 comentario:
Una entrada digna de Nieves Concostrina. De todas maneras estos señores no se diferenciaban mucho de nosotros. Yo me imagino perfectamente encontrármelo en la calle.
Carmen
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